Por: Sarbelio HenríquezDiseñador Gráfico/Director Creativo.
Sarbe nos trae un escrito que quiso hacer luego de haber trabajado por varios años en un call center y poder así mantener sus estudios.
A pesar de ser lugares con una paga competitiva.
Paredes llenas de vidrios polarizados.
Un teclado que maquila camisas de supuestas soluciones.
Mis dedos tecleando la tela.
Mi voz a través de un micrófono
que llega hacia el país con mayor poder de América -o el mundo-
La temperatura a unos veintidós grados Celcius.
Más de ocho horas en una silla reclinable aparentemente cómoda.
Un espacio personal de aproximadamente un metro cuadrado -o menos-
Mis oídos sangrando problemas técnicos, preguntas, dudas, comentarios,
gritos, enojos, cuentos largos y cortos de vidas efímeras
y nombres de personas que nunca conoceré.
Ojos en el techo que dan vueltas de trescientos sesenta grados
para vigilar mis acciones diarias.
Métricas imposibles y metas que alcanzar sin siquiera entenderlas completamente.
Quince minutos cada cuatro horas y media para:
descansar y suspirar en el cuarto de descarga emocional -baño-
comer y tomar algún alimento artificial que seguramente me hará subir de peso
exageradamente.
Encerrado en un espacio donde no hay espacio para los sentimientos personales.
Donde debés tener cinco manos, cuatro oídos, ocho ojos y tres bocas.
Soy un número.
Una estadística.
Un instrumento.
Una máquina
que hace camisas de mi propia piel.
De mi tiempo.
De mi esfuerzo sin esfuerzo.
Mi concentración fija en la hora.
No hay que verla.
Porque desespera.
Un minuto tarde y he dejado de producir tela.
Un minuto y tienen una razón para tirarme a la calle del desempleo.
Un lugar lleno de almas recicladas
que emigran de diferentes maquilas de voz.
Voces recicladas.
Racismo intencional de los que te buscan para que les ayudés.
Para que movás tu varita mágica imaginaria y resolvás cualquier puto problema que pueda existir.
En toda su vida.
Y además les regalés algo.
A ellos.
A los de piel clara, ojos claros y cerebros vacíos.
Ellos, que no saben que estás situado geograficamente en el mismo continente de donde ellos viven.
Ellos que te necesitan.
Y vos o yo, que los necesitamos para comer.
Listo.
Aquí tiene otra camisa señor.
Mañana debo hacer 20 o no me pagan.







